Concurso canino en Leganés
Ayer domingo, haciendo un enorme esfuerzo, me levante a las cinco y media de la mañana ya que me esperaban cuatro horitas de viaje hasta Madrid para ver un concurso canino con la especial participación del Carlino.
El viaje de ida fue durillo, especialmente porque tenía como única compañía la radio (ya que mi acompañante no aguantó la vigilia) y porque me lo hice del tirón (si ,si, ya se que no se debe...). En la carretera hubo de todo: espesa niebla, abundante lluvia, un sofocante calor... y todo esto en solo cuatro horas. Especial mención a que no me perdí en la M-45 (todo un logro).
Una vez en Leganés, que era exactamente donde se celebraba el concurso, teníamos que encontrar el "Polideportivo Europa" en la avda. de Europa, lo cual no fue nada difícil gracias a "Google Maps". Aparcamos y nada más bajar del coche nos tropezamos con los primeros perros, un Bulldog Frances (precioso) y un Pit Bull, lo cual nos confirmaba que no nos habiamos equivocado ni de día, ni de hora, ni de lugar.
Una vez dentro del recinto me quede boquiabierto cuando vi tal concentración de perros. Los había de todos los tamaños, razas, capas (colores) y gustos. En el césped, junto a un seto, pude a reconocer un grupo de personas a cuyos pies se arremolinaban y jugaban un grupo de unos quince Carlinos, todos preciosos. En ese mismo instante fue cuando me arrepentí de no haberme llevado a mi Oscar conmigo. Hacer pasar al pobre animal por un viaje tan largo me parecía muy cruel, bueno, más que a mí a mi pareja, yo me lo hubiera llevado a ojos cerrados, pero entendí que sería duro para él.
Yo nunca había estado en un concurso canino y la verdad es que la experiencia me gustó mucho. Se respiraba un ambiente festivo, de camaradería, un ambiente divertido y relajado. Los allí reunidos charlaban, discutían, reían e intercambiaban información de todo tipo. En una mesa al pie de la pista de atletismo se recibían las inscripciones. Y a eso de las diez y media dio comienzo la competición (que no era nada competitiva).
El asunto estaba dividido en cinco cercados en cada uno de los cuales competirían distintas razas, y los Carlinos lo hacían en el número cinco. La competición fue avanzando y aunque me parecía muy interesante no podía parar de hacer fotos a los perros que no concursaban en ese momento y que jugaban, descansaban y ,sobre todo, jadeaban a mi alrededor. Las diferentes categorías fueron desfilando y los ganadores fueron recogiendo sus medallas. Así llego la competición a su fin y todos los concursantes posaron orgullosos para la foto que podéis ver sobre estas lineas.
Tras mi primera competición (solo como espectador) la sensación que tenía era de... hambre. No había desayunado nada y eran ya la una de la tarde, así que nos fuimos a comer a un centro comercial que se encontraba junto al polideportivo. Aconsejados por unos amigos de Elche, buscamos un restaurante al más puro estilo de Texas. Se suponía que teníamos que probar la ensalada de pollo, que nos habían dicho que estaba de muerte, pero además de eso nos metimos entre pecho y espalda una bandeja de costillas que daba miedo... En general todo muy bueno.
Y para rematar el día, y con la digestión a medio hacer, otras cuatro horitas de vuelta a casa, aunque esta vez dos fueron como copiloto (y menos mal porque no podía más).
Valoración final de la excursión por tierras madrileñas: una muy buena, aunque cansada, experiencia que recomiendo a todo el mundo.
El viaje de ida fue durillo, especialmente porque tenía como única compañía la radio (ya que mi acompañante no aguantó la vigilia) y porque me lo hice del tirón (si ,si, ya se que no se debe...). En la carretera hubo de todo: espesa niebla, abundante lluvia, un sofocante calor... y todo esto en solo cuatro horas. Especial mención a que no me perdí en la M-45 (todo un logro).
Una vez en Leganés, que era exactamente donde se celebraba el concurso, teníamos que encontrar el "Polideportivo Europa" en la avda. de Europa, lo cual no fue nada difícil gracias a "Google Maps". Aparcamos y nada más bajar del coche nos tropezamos con los primeros perros, un Bulldog Frances (precioso) y un Pit Bull, lo cual nos confirmaba que no nos habiamos equivocado ni de día, ni de hora, ni de lugar.
Una vez dentro del recinto me quede boquiabierto cuando vi tal concentración de perros. Los había de todos los tamaños, razas, capas (colores) y gustos. En el césped, junto a un seto, pude a reconocer un grupo de personas a cuyos pies se arremolinaban y jugaban un grupo de unos quince Carlinos, todos preciosos. En ese mismo instante fue cuando me arrepentí de no haberme llevado a mi Oscar conmigo. Hacer pasar al pobre animal por un viaje tan largo me parecía muy cruel, bueno, más que a mí a mi pareja, yo me lo hubiera llevado a ojos cerrados, pero entendí que sería duro para él.
Yo nunca había estado en un concurso canino y la verdad es que la experiencia me gustó mucho. Se respiraba un ambiente festivo, de camaradería, un ambiente divertido y relajado. Los allí reunidos charlaban, discutían, reían e intercambiaban información de todo tipo. En una mesa al pie de la pista de atletismo se recibían las inscripciones. Y a eso de las diez y media dio comienzo la competición (que no era nada competitiva).
El asunto estaba dividido en cinco cercados en cada uno de los cuales competirían distintas razas, y los Carlinos lo hacían en el número cinco. La competición fue avanzando y aunque me parecía muy interesante no podía parar de hacer fotos a los perros que no concursaban en ese momento y que jugaban, descansaban y ,sobre todo, jadeaban a mi alrededor. Las diferentes categorías fueron desfilando y los ganadores fueron recogiendo sus medallas. Así llego la competición a su fin y todos los concursantes posaron orgullosos para la foto que podéis ver sobre estas lineas.
Tras mi primera competición (solo como espectador) la sensación que tenía era de... hambre. No había desayunado nada y eran ya la una de la tarde, así que nos fuimos a comer a un centro comercial que se encontraba junto al polideportivo. Aconsejados por unos amigos de Elche, buscamos un restaurante al más puro estilo de Texas. Se suponía que teníamos que probar la ensalada de pollo, que nos habían dicho que estaba de muerte, pero además de eso nos metimos entre pecho y espalda una bandeja de costillas que daba miedo... En general todo muy bueno.
Y para rematar el día, y con la digestión a medio hacer, otras cuatro horitas de vuelta a casa, aunque esta vez dos fueron como copiloto (y menos mal porque no podía más).
Valoración final de la excursión por tierras madrileñas: una muy buena, aunque cansada, experiencia que recomiendo a todo el mundo.
2 comentarios:
Bueno, no fue bloguellón, pero no estuvo nada mal ese planillo!!!!
Grrrr, por qué tardarán tanto en sacar la máquina de teletransportación!!!!!!
Un beso
;)
Si que están tardando un poco ya... en vez de invertir en tanto armamento y tanta chorrada... ains.
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